[2] Y, he aquí, un varón llamado Zaqueo el cual era príncipe de los publicanos, y era rico.
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[3] Y procuraba ver a Jesús quién fuese; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
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[4] Y corriendo delante, se subió en un árbol sicomoro, para verle; porque había de pasar por allí.
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[5] Y como vino a aquel lugar Jesús, mirando le vio, y le dijo: Zaqueo, dáte priesa, desciende; porque hoy es menester que pose en tu casa.
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[6] Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
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[7] Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que había entrado a posar con un hombre pecador.
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[8] Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo vuelvo con los cuatro tantos.
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[9] Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto también él es hijo de Abraham.
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[10] Porque el Hijo del hombre vino a buscar, y a salvar lo que se había perdido.
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[11] ¶ Y oyendo ellos estas cosas, prosiguiendo él, dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.
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[12] Dijo pues: Un hombre noble se partió a una tierra lejos, a tomar para sí un reino, y volver.
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[13] Y llamados diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociád entre tanto que vengo.
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[14] Empero sus ciudadanos le aborrecían; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
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[15] Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos, a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
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[16] Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
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[17] Y él le dice: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, ten autoridad sobre diez ciudades.
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[18] Y vino el segundo, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
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[19] Y asimismo a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
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[20] Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo.
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[21] Porque tuve miedo de ti, pues que eres hombre severo: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
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[22] Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu boca te juzgo: sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
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[23] ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandara con el logro?
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[24] Y dijo a los que estaban presentes: Quitádle la mina, y dádla al que tiene las diez minas.
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[25] (Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.)
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[26] Porque yo os digo que a cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
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[27] Mas a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traédlos acá, y degolládlos delante de mí.
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[28] ¶ Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem.
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[29] Y aconteció, que llegando cerca de Betfage, y de Betania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
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[30] Diciendo: Id a la aldea que está delante, en la cual como entraréis, hallaréis un pollino atado en el cual ningún hombre jamás se ha sentado: desatádle, y traédle acá.
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[31] Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? le diréis así: Porque el Señor le ha menester.
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[32] Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron, como él les dijo.
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[33] Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
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[34] Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester.
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[35] Y le trajeron a Jesús; y echando ellos sus ropas sobre el pollino, pusieron encima a Jesús.
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[36] Y yendo él, tendían sus vestidos por el camino.
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[37] Y como llegasen ya cerca de la descendida del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto,
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[38] Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en las alturas.
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[39] Entonces algunos de los Fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
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[40] Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán.
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[41] Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,
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[42] Diciendo: ¡Ah, si tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz! mas ahora está encubierto a tus ojos.
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[43] Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con trinchera; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho;
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[44] Y te derribarán a tierra; y a tus hijos, los que están dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
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[45] Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él,
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[46] Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
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[47] Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban matarle.
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[48] Y no hallaban que hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.