[1] Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; y si habrá alguno de los santos a quien mires.
[2] Es cierto que al insensato la ira le mata; y al codicioso consume la envidia.
[3] Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación.
[4] Sus hijos serán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre.
[5] Hambrientos comerán su segada, y la sacarán de entre las espinas; y sedientos beberán su hacienda.
[6] Porque la pena no sale del polvo, ni la molestia reverdece de la tierra.
[7] Antes como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción.
[8] ¶ Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios;
[9] El cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento:
[10] Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas sobre las haces de las plazas:
[11] Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud:
[12] Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada:
[13] Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de los perversos es entontecido.
[14] De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tiento, como en noche.
[15] Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta.
[16] Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca.
[17] ¶ He aquí, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
[18] Porque él es el que hace la llaga, y él que la ligará: el hiere, y sus manos curan.
[19] En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal.
[20] En la hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra, de las manos de la espada.
[21] Del azote de la lengua serás encubierto: ni temerás de la destrucción, cuando viniere.
[22] De la destrucción y de la hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo.
[23] Y aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas.
[24] Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás.
[25] Y entenderás que tu simiente es mucha; y tus pimpollos, como la yerba de la tierra.
[26] Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo.
[27] He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y tú sabe para ti.